As dificuldades para se chegar ao “outro mundo possivel”. Chico Whitaker

Estou muito atrasado em minha inserções neste blog. A correria como sempre é grande…  Tomo então a liberdade de colocar aqui algo em espanhol… É que talvez não passe de portuñol, o que facilita para quem não entenda muito bem o espanhol.

É uma palestra que fiz no fim de maio num encontro em Barcelona, em torno das novas perspectivas (sonhos) para o futuro que quereríamos para o mundo. Falei sobre as dificuldades para se chegar ao “outro mundo possível”.  Levantei uma serie de problemas que pretenderia tratar novamente, um por um, em pequenos textos para reflexão. Tomara que consiga…

Coloco também em seguida uma curta mensagem que enviei hoje mesmo a um Fórum sobre a Paz, que se realiza em Junho em Sarajevo, na Bósnia. É mais um sonho.

 

El desafío más grande: como construir el otro mundo posible, ahora

Chico Whitaker

Barcelona, abril 2014

 

Me siento de hecho muy pequeño frente a la responsabilidad que me ha sido dada, de hacer una de las ponencias iniciales de nuestros tres días de trabajo, sobre estas cosas todas con las cuales soñamos: la posibilidad de construir un mundo diferente de esto en que vivimos – el “otro mundo posible”, una “biocivilización”, una “civilización de la convivialidad”, el “buen vivir”.

Soy más que todo un simple operador, que busca caminos de realización de perspectivas abiertas por las reflexiones de otros. Así es que he participado del grupo de personas que han inventado el Foro Social Mundial, con su afirmación de que otro mundo es posible. El título de mi ponencia hoy, que habla del desafío que es la construcción de ese “otro mundo”, refleja esta condición de operador.

Cuando he comunicado este título a Sandra, para que preparara el programa, ella propuso que agregara la palabra “ahora”, puesto que, como ella ha dicho, cada vez el tiempo se hace más corto, y, cuando va a empezar la mayoría de la gente? He dado naturalmente mi acuerdo, pero recordando que lo que me preocupaba eran los obstáculos que encontramos para la construcción del otro mundo posible, que veo hoy como especialmente grandes. Pero para esto vale también el “ahora“, una vez que es cierto lo que ella también me ha dicho: todavía hay mucha falta de conciencia.

Ahora bien, todos acá sabemos cómo serían las sociedades que queremos, centradas en la vida y no en la muerte: hombres y mujeres solidarios unos a los otros, en condiciones de equidad y de respecto de sus diferentes tipos de diversidad, integrados profundamente a la naturaleza a la que pertenecemos. Sabemos también mucho de lo que sería necesario cambiar, en nuestras leyes y prácticas, individuales y colectivas, para dar paso a este otro mundo, libertándolo de la política de los que solo ansían por más poder, y de una economía aprisionada en antiguos conceptos y en una visión de eficacia cerrada en sí misma, y no al servicio de las necesidades de los seres vivos y de la plena realización humana de todos y todas y de cada uno y cada una.

Así, no hace falta continuar discutiéndolo. Eso es siempre posible y bueno, para descubrir nuevas dimensiones y exigencias de nuestros sueños, conocer en más profundidad los mecanismos que nos manipulan y nos sujetan, o la fuerza – cultural, económica o militar – de los que nos impiden de alcanzarlos.

El desafío es lo de cómo llegar allá, superando todos los obstáculos. Me siento siempre hermanado con los amigos que también levantan estas dificultades, como lo hizo recién Alberto Acosta, que todos ustedes deben conocer. En entrevista sobre el buen vivir, dada en Ecuador,[1] nos ha recordado lo difícil que es reconstruir esta concepción ancestral de vida en los países mismos en que ha sido formulada.

Por eso mismo avanzamos bastante despacio. Es por eso que mucha gente nos pregunta, a los que nos metemos en la aventura del Foro Social Mundial: y entonces ustedes, que han hecho ustedes, que ha hecho el Foro, para que lleguemos efectivamente al “otro mundo posible”?

Nuestra respuesta es siempre la misma, intentando explicar que el FSM no es en sí mismo un actor político, como lo seria se fuera un movimiento. Y que los cambios no pueden resultar de la “acción del FSM”, puesto que él es solo y modestamente un instrumento, un espacio abierto de encuentro al servicio de los que están luchando para cambiar el mundo. Y que el cambio vendrá de la acción de los que en él se reúnan para intercambiar sus análisis y experiencias, y de la acción de todos los otros, muchísimos otros, que no vienen a los Foros pero luchan en sus países por la justicia, la equidad social, la defensa de la vida en el planeta.

O sea, repetimos que el Foro Social Mundial es solamente un “facilitador” de discusiones sobre lo que queremos y sobre los caminos para llegar a lo que queremos.

Pero aun así, qué pasa que no se avanza, con tantos encuentros mundiales, regionales, nacionales y hasta locales, a lo largo de más de doce años? Por qué no se llega a resultados suficientes para que se sienta que algo está cambiando? Quizás incluso por el contrario…

De hecho hay que decir, en primer lugar, que lo que estamos pretendiendo es nada más nada menos que la superación del sistema capitalista, que ha llevado más de cinco siglos para ser construido como sistema económico y  político. El otro mundo que queremos no podrá ser capitalista, o, como unos dicen, será pos capitalista, puesto que los problemas que hoy enfrentamos tienen sus raíces en él. Pero aún no sabemos ni mismo cómo podrá ser llamado, a falta de un mejor contenido para la palabra socialismo, después de todo lo que ha pasado con el “socialismo real”, o de lo que pasa con el actual “socialismo de mercado” de la China, que muchos llaman de “capitalismo de estado”. Ni hablemos del socialismo de la social democracia, menos aún del nacional-socialismo.

Hay que considerar aun que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los dos sistemas que se oponían – el capitalista y el socialista – no podrían enfrentarse directamente, militarmente, porque ambos poseían la bomba atómica, cuyo uso, por uno o por otro, arrastraría el mundo a un apocalipsis nuclear. Entonces, durante los 40 años que ha durado la llamada Guerra Fría, el capitalismo ha sido capaz de mover una intensa guerra de propaganda, demonizando el comunismo y el socialismo, con base en los desvíos autoritarios ocurridos en el mundo comunista. Y esto crea hasta hoy, en muchísima gente, una enorme resistencia al socialismo, que hace parte de los sueños de muchos de los que luchan por el “otro mundo”. Somos todos, de hecho, “hijos de la Guerra Fría”.

Pero es cierto que, aunque no existieran esas dificultades, superar el capitalismo no es tarea para pocos ni para poco tiempo. Es trabajo de generaciones. Tenemos frente a nosotros un gigante mucho más grande que Goliat. En uno de los Foros Sociales se ha dicho que no será con un David lanzando una piedra a la cabeza del Gigante que lo haremos volcarse, sino que con la acción de un enjambre de abejas a cercarlo por todos los lados. Es una buena imagen pero tendrían que ser muchísimas abejas, y que no sean kamikazes como ellas lo son, esto es, mueren al picar. Y movilizar tanta gente solo es posible cuando se juntan muchas condiciones objetivas de revuelta.

En general el máximo que se obtiene es que una o algunas cabezas “nacionales” caigan por tierra, como en la Primavera Árabe. Pero esta no ha sido una movilización contra el capitalismo sino que contra dictaduras, con su tiranía y su corrupción. Donde tal no ocurre, las gentes no están con tanta disposición de salir de su aislamiento y actuar para cambiar las cosas, ni mismo simplemente manifestar en las calles el descontento que exista por detrás de las apariencias. De todas maneras el gigante tiene mil cabezas, dentro de los países y en este mundo globalizado. Y en seguida, viene siempre la represión y el cansancio.

En segundo lugar, hay que considerar que el capitalismo domina actualmente el mundo económica y militarmente y derrumbarlo parece ser una tarea casi imposible.

De hecho, el principal país en que él se ha implantado tiene hoy un presupuesto militar más grande que la suma de los presupuestos militares de todo el resto del mundo, incluso de la Rusia. Lo que le permite aplastar, con violencia directa visible o utilizando sus servicios secretos, toda y cualquier tentativa de salidas nacionales del capitalismo. Y en el plan económico el capitalismo ha invadido todo el planeta, con la fuerza y la rapidez de un tsunami, a partir de la caída del Muro de Berlín. El mundo es hoy una sola plaza de producción – para que las empresas produzcan donde el costo sea menor – y una sola plaza de consumo – para que vendan donde existan consumidores con poder adquisitivo. Lo que se hizo posible gracias a los enormes progresos del siglo XX en la tecnología de la información, de la comunicación y de los transportes.

Este doble cuadro puede incluso nos hacer creer que no podremos jamás superar ese sistema – salvo si las cosas comiencen a cambiar dentro mismo de los Estados Unidos. Por eso mismo hay intelectuales y políticos que dicen que lo mejor es integrarse inteligentemente al sistema capitalista, para por lo menos asegurar el “desarrollo” de nuestros países, entendido obviamente solamente como crecimiento económico.

Pero, peor aún es la dominación cultural. Y en esto querría retenerme un poco más. Puesto que, aunque esta dominación sea la más profunda, es donde podríamos quizás encontrar brechas por donde infiltrar nuestra esperanza de construir otro mundo.

El tsunami de después de la caída del Muro cargó consigo la lógica del sistema capitalista hasta los más alejados rincones del planeta. Este tipo de dominación es la que somete las cabezas, las conciencias, las mentes, corazones y comportamientos de la enorme mayoría, para no decir de la casi totalidad de los seres humanos de hoy. Incluso de los chinos, que vivían en el último gran bastión del socialismo. Su gobierno y su pueblo están totalmente integrados, política y económicamente, al sistema capitalista mundial, y quizás aún más a la lógica de ese sistema.

Esta lógica es la que nos hace depender todos, hoy más que nunca, del dinero, de la plata. Hoy es prácticamente imposible sobrevivir sin dinero. Por eso los gobiernos ganan elecciones y se mantienen en el poder cuando se proponen a realizar políticas de creación de empleos, que es la forma “natural” de obtener plata. Todos los buscan desesperadamente y, cuando lo tienen, no quieren perderlo de ningún modo. Muchos alcanzan a tener dinero por modos más fáciles como la corrupción, practica cada vez más corriente, que lleva a que se acumulen fortunas increíbles cuando se combina con la ganancia. Hay también, evidentemente, los que intentan obtenerlo sacándolo, con o sin violencia, de los que lo tienen, lo que crea también el cuadro de inseguridad que vivimos, en mayor o menor grado, en todos los países.

Pero con esto la vida moderna termina siendo, en lo social, lo económico y lo político, una competición individualista permanente en la búsqueda de dinero y todo lo que su posesión hace posible, incluso el poder. Hoy la cumbre de este proceso es la capacidad, que incluso parece infinita, de hacer legalmente dinero a partir y con el dinero mismo, como hacen los inversionistas y sus intermediarios de Wall Street y de todas la Bolsas del mundo. El dinero es así el corazón del sistema capitalista, que en sí mismo existe para la acumulación de capital.

Por otro lado, una publicidad omnipresente, de los anuncios en todas las calles a los televisores dentro de las casas y a los espacios comerciales por toda parte en que sea posible instalarlos, induce a todos nosotros al consumismo, o sea, a la posesión de cada vez más bienes materiales y a la búsqueda de conforto y comodidad crecientes. Lo que es necesario y fundamental para el sistema, dentro de los mecanismos con que funciona, puesto que producir sin vender hace parar la máquina.

Pero esto nos transforma a todos en un enorme ejército – mundial – de cómplices involuntarios de la expansión sin límites de la producción y por lo tanto de los lucros. Cerrando el círculo vicioso, para eso necesitamos de plata y pasamos a hacer todo lo que sea necesario para obtenerla. Y la expansión creciente de la producción, que así provocamos, lleva a la creación de una “mega-máquina tecno-económica”[2] con que el sistema capitalista aumenta siempre más su poder. Al mismo tiempo en que es cada vez más grande, también, la desigualdad de oportunidades y de posibilidades.

Frente a todo esto, si queremos un día superar el capitalismo no tenemos otra salida sino la de luchar mucho y mucho tiempo. Y tenemos que hacerlo multiplicando y diversificando las frentes de lucha. Es ahí entonces que se pone hoy el desafío. Tenemos que revisar nuestras estrategias y inventar nuevas formas de acción, puesto que las que estamos utilizando no nos hacen avanzar, o avanzamos demasiado despacio y el tiempo se hace corto, especialmente frente a los daños que el capitalismo está haciendo a nuestra Madre Tierra.

De hecho, la teoría y la práctica de nuestras luchas por “otro mundo”, desde que se ha comenzado a buscar alternativas, muestra que hemos perseguido muchas ilusiones, y que muchos caminos se están cerrando, frente al peso de los obstáculos – y de la fuerza de los que no quieren cambios – que son bien más grandes de lo que pensábamos.

Pasamos por ejemplo por la creencia de que la lucha de clases llevaría necesariamente a cambios en la relación de fuerzas. Imaginamos sociedades socialistas de las cuales emergiera el “hombre nuevo” y la igualdad social. Cuando esto no se ha mostrado algo automático – incluso cuando hemos dirigido la acción política a la profundización de esta lucha – hemos optado por dictaduras supuestamente representativas de las mayorías. Pero estas sucumbieron a enfermedades provocadas por la lógica capitalista, que estaba presente dentro de los países – pensemos en el desmoronamiento del “socialismo real” del imperio soviético. Otras tentaran imponer cambios culturales mirando un mundo nuevo, sin entretanto resultados positivos, y de hecho con altos costos sociales – recordémonos de la revolución cultural de Mao y de la locura de Pol Pot.

Hoy día se defiende en toda parte que lo esencial es la democracia, por lo menos electoral. Regímenes democráticos garantizarían una mejor representatividad de los diferentes intereses sociales, proporcionalmente a su presencia en la sociedad, y permitirían elegir dirigentes comprometidos con los sueños de cambio que son los de la mayoría. Pero no es esto que ocurre de hecho, y la democracia representativa está hoy en plena crisis de credibilidad, por incapacidad de resolver los problemas, contaminada que también está por la lógica capitalista. Termina por ponerse al servicio de los intereses de las empresas, que la financian, y no de los pueblos.

Por su vez muchos gobiernos elegidos por mayorías, manipuladas o no, cambian mucho de posición política, y muy pronto, por temor de su derrocamiento por las fuerzas que enfrentan o simplemente lo de perder el poder en las elecciones siguientes. Prisioneros de la economía capitalista y de los mecanismos perversos del ejercicio del poder, pasan a buscar el puro crecimiento del PNB de sus países, supuestamente para tener más recursos a destinar a objetivos sociales… Para esto hacen fuertes alianzas con las empresas – de las nacionales a las multinacionales, con su voracidad insaciable de lucros.

Por otro lado – y esto crea hoy una de las dificultades más grandes que enfrentamos – ellos disponen de una enorme cantidad de funcionarios que pueden ser profesionalmente movilizados a cada momento para llenar espacios de comunicación y acción política, además de disponer de policías y ejércitos para controlar, reprimir y hasta alejar (o mismo eliminar) sus opositores. Determinan, también, de hecho, cual información debe ser diseminada por los medios de comunicación de masa, en general dependientes de contratos gubernamentales. Y al mismo tiempo cercenan jueces y parlamentos, que no llegan a disponer de una real independencia política, así como las demás instituciones de la democracia. El poder de los gobiernos aumenta aún más cuando, cooptados por las empresas capitalistas, a ellas se asocian incluso para ayudarlas a crecer. Y todo este conjunto sirve ampliamente para la manipulación social de “fabricación de consensos”, como diría Chomski.

Este poder del Estado termina siendo hoy desproporcionalmente mucho más grande que lo de las demás instituciones del país – las asociaciones de su sociedad civil, los movimientos sociales, los partidos, las organizaciones religiosas, los sindicatos – que quieran controlar su poder, criticarlo, proponer otras políticas públicas, defender derechos. El resultado es que los que reaccionan a sus políticas son, criminalizados o no, prácticamente aplastados por auténticos rodillos compresores. Aunque se deje que sus gritos sean mínimamente oídos, para que no sea dañada la imagen democrática del país. Todos acá conocen las experiencias brasileñas de la construcción de Belo Monte y otras grandes represas hidroeléctricas, la liberación de los transgénicos, la opción por el agro-negocio de exportación en lugar de la reforma agraria.

Yo estoy personalmente viviendo ahora en Brasil una fuerte experiencia de enfrentamiento de rolos compresores de este tipo, en la lucha contra el uso de la energía atómica en nuestra matriz energética. La industria nuclear, por fuerza de sus orígenes militares, domina hace muchos años nuestros gobiernos, cierra todas las puertas a una participación en las decisiones y mantiene opaca toda información al respecto. Los que denuncian la locura de esta opción tecnológica, por sus riesgos inmediatos y por la herencia radioactiva maldita que dejará a muchas generaciones futuras, no son ni mínimamente oídos por el poder público. Nos reducimos entonces a auténticos “ejércitos de Brancaleone” – para los que se acuerdan de esta película de hace casi 50 años – dando pequeños tiros para el alto (cuando por ejemplo se hace posible llamar la atención para lo que continua pasando en Fukushima), tentando despertar algunos más entre tantos que duermen en su santa desinformación…Y, mientras tanto, la nave va

Todas estas experiencias dejan cada vez más claro para mí que la cara del monstruo que tenemos que enfrentar en cada país, si queremos superar el capitalismo, es de un lado la sujeción de las gentes a su lógica, y de otro el poderío de la máquina que en definitiva nos impone este sistema.

En esta perspectiva me atrevo a decir que todos los actores políticos que visan el cambio tienen la obligación, en los días de hoy, de revisar sus estrategias, buscando nuevos caminos de actuación, a partir de la identificación de cuáles son los obstáculos a que mucho más gente, como se hace necesario, despierte.

En este tipo de reflexión tendremos de hablar sin miedo de los errores que cometemos. Así como no podremos desconsiderar la capacidad del sistema, que queremos superar, de siempre adaptar-se para sobrevivir. De hecho los que lo conducen pueden llegar, quizás, a preocuparse un poco con los problemas que crían, como la persistencia de la miseria en el mundo, o impresionarse con las perspectivas climáticas, como ocurrió en el último encuentro de los dueños del mundo en Davos, frente al 5º Informe del IPCC.Pero, para defenderse de nuestras tácticas, buscan siempre las manipular y las incorporar a su propio arsenal. El ejemplo de la “economía verde” es significativo. Mientras tanto, continúan a caminar como sonámbulos hacia el abismo.

Lo que nosotros mismos estamos haciendo nos lleva por veces, sin embargo, a constataciones poco entusiasmantes.

  • Entre los que intentan enfrentar el gigante, en los múltiples territorios que domina, hay los que aún creen, con una cierta ingenuidad, que es necesario y posible presentar sus propuestas a los que toman decisiones y convencerlos a aceptarlas – en los parlamentos nacionales o en los encuentros bajo la protección de Naciones Unidas. En general lo que les es servido es la frustración. No todos se han dado cuenta que los dirigentes políticos solo escuchan la sociedad bajo su presión.
  • Otra ilusión es la de organizar lobbies como los que se mueven por ejemplo en Bruselas, mantenidos tanto por movimientos e instituciones de la sociedad civil como por sectores de los gobiernos, para presionar el Ejecutivo o el Parlamento Europeos y tentar mejor direccionar las llamadas “directivas europeas”. La relación costo-beneficio les es extremamente deficitaria, salvo para los lobbies de las empresas, con sus centenares de funcionarios pagos para actuar ahí de forma permanente.
  • Esperar que el Papa – este Papa – haga un solemne llamamiento, por la responsabilidad de gobiernos y sociedades frente a los riesgos por ejemplo del calentamiento climático, provocado por la lógica capitalista? Los oídos de los gobernantes están casi bloqueados para exigencias éticas, aunque no pierdan las oportunidades de ir a Roma saludar la autoridad máxima de la Iglesia Católica, aunque no lleguen a ser cristianos, siempre que les resulte bien electoralmente.
  • Hay los que organizan protestas por ocasión de las cúpulas tipo G8, G20 o lo que sea, o cúpulas alternativas paralelas. Por suerte las cúpulas oficiales por veces nos ofrecen la oportunidad de escuchar discursos de dirigentes políticos que toman mejores posiciones, como ocurrió en la Rio + 20 con Mujica, del Uruguay[3]. Pero nuestras acciones, en las periferias de las conferencias oficiales, corren el riesgo de transformarse en eventos folclóricos, no llegando a cambiar el nivel de conciencia general sobre los problemas. Especialmente cuando, por ejemplo, movimientos más radicales como los Black Blocs roban toda la atención de los medios de comunicación de masa.
  • Por veces se alcanza a paralizar organismos internacionales como ocurrió con la OMC, en Seattle. Gobiernos y empresas son entonces capaces de construir nuevos increíbles tratados internacionales, como ahora el Acuerdo Comercial Transatlántico. En las luchas en este campo las victorias se cuentan en los dedos, como la de los tiempos del AMI o del ALCA, o como hay aun los que la esperan en la próxima conferencia del clima en Paris.
  • Muchos son los que sueñan – a pesar de la invención de los drones – que el camino es derrumbar el gigante por la fuerza. Pero terminan por empezar guerras interminables, para la felicidad de los fabricantes de armas.
  • Organizarse en partido y conquistar pacíficamente el poder, para entonces cambiar las cosas desde arriba, sería un camino? O ceder a la tentación de llegar al poder por golpes de estado, para en seguida “hacer el bien” para el pueblo? El gigante es capaz de absorber en sus entrañas estos cuerpos extraños que han entrado en su territorio y de adaptarlos a su lógica. Sin hablar de cómo la dinámica competitiva, esencial a la lógica capitalista, dificulta la unión que daría más fuerza a los partidos, y los transforma en arenas de luchas internas por el poder, que acaba por ocupar la mayor parte del tiempo de sus militantes…
  • Ocupar las calles, las tierras y las instituciones, hasta que la voz del pueblo sea oída, inquieta los que gobiernan y los hace moverse un poco, al mismo tiempo en que permite que salgamos de nuestros aislamientos y seamos estimulados por la descubierta de que somos muchos. Pero es un camino largo, que se reduce en general a la reivindicación de derechos, aun cuando se intenta innovar en los métodos. No es fácil el paso al cuestionamiento de la lógica dominante, así como ganar la simpatía y el apoyo de los que se quedaran en sus casas y están dominados o manipulados por esa lógica. Además, contrariamente a lo que ocurre con los que reprimen, la casi totalidad de los militantes de estas acciones no son profesionales, y todos tienen finalmente que trabajar para ganar la vida. Puesto que vivimos en un sistema capitalista…
  • Utilizarse más intensamente, para las movilizaciones, de la novedad de las llamadas redes sociales de la internet, puede ser de buena ayuda, pero no lleva a un comprometimiento más profundo con las causas por las cuales se lucha, como igualmente ocurre con las millares de peticiones a las que podemos fácilmente apoyar con la simples presión de una tecla de nuestras computadoras.

Me encuentran ustedes muy pesimista? He abandonado el optimismo que ha siempre conducido los que vienen participando de la experiencia de los Foros Sociales Mundiales? Quizás, a los 82 años, los ímpetos juveniles estén disminuyendo, y la edad, esta sí, avanza siempre, queramos o no, sin perdón…

Pero les digo que no se trata de pesimismo sino que de realismo acumulado… Lo peor que se puede hacer en la acción política es nos engañarnos a nosotros mismos. Es casi tan malo que engañarse de enemigo. Dos errores que son infelizmente frecuentes. El realismo puede ser duro pero no mata la esperanza – esta fuerza que conduce el hacer humano, y que es invisible como la radioactividad pero nunca desaparecerá.

Seminarios como este de que estamos participando tienen que repetirse, para que continuemos a reflexionar, y para que más gente sea informada sobre lo que pasa en el mundo y sobre lo que se propone para cambiarlo.

Hay que continuar también a multiplicar Foros Sociales – hay tantos países en que su mensaje de esperanza no ha aun ni mismo llegado – o sea, hay que continuar a crear estos espacios de intercambio de saberes y experiencias, de identificación de convergencias, de aprendizaje de una nueva cultura política que, por su carácter horizontal, niega la lógica jerárquica del capitalismo, sustituye la competición por la cooperación en la lucha política y respeta la diversidad. Hay que continuar a utilizarlos como instrumento para que nos juntemos más y juntemos más gente, y aumentemos la articulación entre todos que luchan por el otro mundo posible. Yo mismo estoy participando ahora de la organización de un nuevo Foro Social Temático, en Brasilia en agosto próximo, con la pregunta: “Energía: para que, para quienes, como?”.

Pero el gran desafío es lo de crear nuevos caminos, que busquen ser más eficaces que los que tradicionalmente usamos. O sea, continuar haciendo, lo mejor posible, lo que ya hacemos, continuar trabajando para que un número creciente de ciudadanos sea concientizado de la dominación y de la manipulación a que está sometido, pero al mismo tiempo buscar urgentemente nuevos modos de actuar, escapando de los usuales.

Les doy tres ejemplos chicos, que no van cambiar la relación de fuerzas, pero por lo menos pueden estimular el surgimiento de propuestas geniales, que redireccionen la caminata de la Humanidad.

Uno de los ejemplos viene de Brasil, con las iniciativas populares de ley, que hace unos 20 años estamos utilizando, pero ahora cada vez más, como instrumento para la educación política y para obtener cambios en la estructura legal del país, y mejorar, con reformas políticas, la calidad de los representantes.

Otro ejemplo, es lo de un tipo de acción que entra en el campo de la dominación económica, al mirar directamente el corazón mismo del capitalismo, que es la plata, reposicionándola en lo que debe ser: un simple instrumento para facilitar los intercambios de bienes y servicios. Las experiencias, que se multiplican en muchos países, de las llamadas “monedas sociales” y “bancos populares”, son pistas que pueden abrir largos caminos no solamente para nos libertar de la dependencia de tener plata como para construir una economía realmente solidaria y al servicio de las necesidades humanas. La extensa multiplicación de este instrumento puede, al fin y al cabo, cambiar nuestra relación a las cosas y hacer con que la búsqueda insaciable de dinero se restrinja a un mundo que se autodestruirá. Es otro tipo de brecha por la cual podemos introducir en las entrañas escuras del sistema dominante la luz de nuestra esperanza.

Una tercera posibilidad de acción es la de la desobediencia civil, frente a lo que sea inaceptable para la conciencia ciudadana, y que ya ha sido más utilizada que en los días de hoy. Es algo más dirigido a la acción y a la presión política e económica. Escucho hablar por ejemplo de un movimiento de “objetores del crecimiento”[4]. Han podido quizás inspirarse en la “objeción de consciencia” de los jóvenes norteamericanos que eran contra la guerra del Vietnam, lo que los obligaba a escaparse al Canadá, para no ir a la prisión. Ese es de hecho un acto de respecto a la dignidad humana, la de los que ejercen ese derecho y la de los que son victimados por las acciones a las que se quiere resistir.

Trata-se de un derecho que se apoya en la convicción de cada persona, aunque no se deba ejércelo como acción aislada, y que abriría un camino más para presionar a los dirigentes políticos y poner en jaque las empresas que existen solo para el lucro, incluso los bancos que las financian.

Pero puede ser utilizado también en todo lo que lo que se refiera a la defensa de la Paz, como la recusa a trabajar en la fabricación de armamentos, o a pilotar drones. O en la defensa delMedio Ambiente, más allá del ejercicio de los derechos de los consumidores, por la recusa directa al consumismo. O, como ya se hace, al consumo de productos de empresas que no respectan los derechos humanos o hacen daño al medio ambiente, como aun en la recusa a la participación en actividades económicas que lleven al calentamiento global.

Hay muchas situaciones en que se puede rechazar o renunciar a empleos y comportamientos que nos hacen cómplices de crímenes contra nuestros hermanos y hermanas.

Este tipo de acción exigiríaun amplio trabajo de formación y motivación, que abriría en sí mismo un largo abanico de temas de discusión en las comunidades. Habría que conquistar también el derecho mismo a rechazar ciertos trabajos o tareas por objeción de consciencia – como ya se tiene, me parece, en el periodismo, en la administración de la justicia o en la asistencia a la salud. El exige también coraje de parte de los objetores, lo que implica en contar con la solidaridad y el apoyo de los que tengan las mismas preocupaciones, reforzando los lazos entre los que luchan por el cambio.

Una progresiva multiplicación de testimonios, fundamentados e hechos ampliamente públicos y discutidos, puede ayudar a construir una consciencia colectiva contra la lógica inhumana que domina hoy el mundo. El voto en elecciones es de hecho un poder político enorme, si pudiéramos ejércelo en plena conciencia. Pero el poder social, económico y cultural de los 99% de los habitantes del mundo es de hecho, cuando ejercido hacia la construcción del otro mundo posible, es infinitamente más grande que lo de las mega máquinas poseídas por el 1% que quiere nos aplastar.

O sea, para concluir, ya se ha dicho que resistir es crear. Pongámonos todos a resistir aún más, y siempre.

 

 

[1] El buen vivir en Ecuador, un diálogo con Alberto Acosta, Iconos, Revista de Ciencias Sociales, número 48, Quito, enero 2014.

 

[2] Cf Marc Humbert en Vers une civilization de la convivialité, Etidions Goater, Rennes, 2013.

[3]http://www.youtube.com/watch?v=3cQgONgTupo

[4]http://www.les-oc.info/, del MOC, en Francia y  http://www.decroissance.qc.ca/manifeste au Quebec, Canada

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